Jose Manuel Sampayo

Estás viendo

Una entrada del Blog

La 1ª Comunión

Querido Señor alemán:

Hoy quiero contarte lo que recuerdo de mi 1ª Comunión. Hoy en día va perdiendo importancia y hay muchos que no la celebran, pero para los niños de mi generación, la 1ª Comunión era un momento trascendental; un acontecimiento que se celebraba como una boda, con toda la familia, amigos de los padres, con comilona, regalos…

No lo sé con exactitud pero creo que de aquellas, en mi parroquia de Basauri, los niños empezamos el “cate” tres años antes. Lo normal era que pasáramos 3 cursos (desde los 7 años) yendo a las clases con las catequistas (eran todas mujeres) hasta que con 9 años (normalmente) celebrásemos la comunión.

De esos años de catequesis recuerdo dos cosas: recuerdo a mi catequista, que vive cerca de la casa de mis padres y a la que todavía vi la semana pasada paseando por el pueblo; y recuerdo que durante el último curso, un día, no fui. Y esto es muy importante que lo tengas en cuenta para entender cómo viví yo el día de mi 1ª Comunión…

Yo iba a hacer la comunión en Galicia con mi primo Alberto y mi prima Susana que tenemos todos la misma edad y eso en mi parroquia no gustaba. Todavía hoy no lo entiendo; pero les molestaba que habiendo ido a la cate en Basauri todos los años, celebraras luego la ceremonia en el pueblo… Además, mi caso no era especial, porque mucha otra gente tenía a toda su familia en otros sitios y celebran la comunión en sus pueblos de origen. Pero bueno, era así: les molestaba. Y se notaba. Recuerdo perfectamente como mi catequista no me hacía ni caso, ni me preguntaba ni me respondía…

Esto me habría dado absolutamente igual si no fuera por un pequeño detalle: yo tenía una duda. El día que falté a la cate explicaron lo que había que hacer después de comulgar, cuando la gente se siente en el banco, cierra los ojos y se queda reflexionando. ¡Y yo no lo sabía! Habíamos ensayado la ceremonia, nos sabíamos todas las partes de la misa, las oraciones… Pero yo no sabía qué hacer después de que me dieran la hostia… Y yo estaba muy muy preocupado.

Se lo pregunté a la de la cate y no me respondió. Me dijo: “Haber venido…” Pude habérselo contado a mi amatxu, pero no lo hice. No sé por qué; supongo que tendría miedo de que se enfadara conmigo, o con la catequista… Total, que me quedé sin saberlo.

Recuerdo que compramos el traje de la comunión en una tienda del Casco Viejo que se llama Vesman. Recuerdo que la chaqueta y la corbatita eran de Lacoste  (te cagas, Lacoste hacía ropa de comunión…) y recuerdo que las fotos para los recordatorios las hicimos en un estudio de Basauri que se llamaba “Foto Joseba”. De esto último me acuerdo muy muy bien, porque los cabrones de ellos tuvieron mi foto a tamaño gigante en el escaparate de la tienda ¡durante más de diez años! y cientos de vaciladas me costó… (todavía lloro al acordarme).

El día C, me vistieron con mi precioso pantalón blanco pureza y la chaquetilla y corbatín verdes a juego tan preciosos que podéis ver en la foto y salimos para la iglesia. Recuerdo a mi madre amenazándome con que tuviera cuidado y ni me moviera, que como me manchara un poco me mataba…

La misa era en San Juan de Toiriz, el pueblo de mis abuelos. Una Iglesia con trampa.

Llegué, me bajé del coche, subi las escaleras de piedra para entrar en el jardín que bordea la iglesia y ¡zas! Me resbalé y se me metió la pierna hasta el fondo en uno de éstos:

Un paso canadiense

Un paso canadiense

Seguro que has visto alguno. En los pueblos he visto muchos. Se suelen llamar pasos canadienses y están diseñados para que no pasen las vacas. Las vacas las ven y no se atreven a pasar porque saben que se les van a escurrir las pezuñas. Las vacas lo saben, pero los niños que van con sus zapatos nuevos y superdeslizantes a hacer su 1ª Comunión, no.

Me hice daño, pero por supuesto, eso no me importó. Lo que me importó fueron los gritos de mi madre a 758 decibelios que sonaban a mi espalda. A partir de aquí tengo unas cuantas nubes en mi memoria. Sé que lloré y que me llevé la primera “hostia” antes siquiera de haber pisado la iglesia…

La cuestión fue que un rato después yo estaba en el altar con mis primos, lloroso, dolorido, con el pantalón con restos de barro (aunque mi mamá lo había limpiado bastante bien) pero preparado para vivir el momento. Después de recibir la comunión, me fui al banco, cerré los ojos, me tapé la cara con las manos y ¡disimulé como un perro! (postureo total jajajaja); porque no tenía ni puta idea de lo que tenía que hacer :-(

En fin, el banquete fue en A Golada, en una churrasquería. Creo que me lo pasé muy bien porque no me acuerdo de nada. De los regalos recuerdo sólo uno, una cámara de fotos Kodak automática que me regalaron Carmen y Alfonso. ¡Una pasada!

La foto de la comunión enmarcada está en nuestra casa de Toiriz, en mi habitación. Cuando dormimos allí, Marina se descojona; dice que es como dormir con un angelito vigilando… Pero lo dice mofándose de mí a la cara. De mí y de mi antiguo mí.

Lo que hay que hacer después de comulgar nunca se lo pregunté a nadie. Esperé a que inventaran lo de Internet y lo miré en Google. Me pasé muchísimos años disimulando, poniendo cara de tío súper reflexivo y haciendo cómo que pensaba. Fue un trauma durísimo para mi joven yo. Desde eso, si tengo dudas y el señor Google no lo sabe, lo pregunto.

4 comentarios
  • Gorka on 25/05/2013

    Es fascinante como hay ciertos días en la vida que se nos quedan marcados a fuego por anécdotas que nos pasan y por otro lado como el hecho de la primera comunión a cambiado tanto para las personas…. Gracias por compartir este recuerdo.

  • GS on 26/05/2013

    Me podías haber preguntado a mí! yo no tengo recuerdo q la catequista q me toco a mi le molestase. Al revés, me hacía todas las preguntas a mí pq el resto eran un desastre, todavía me acuerdo de una q dijo q Jesucristo no se tenía q haber dejado crucificar… Así q no me gustaba mucho la cate pq encima q bastante diferente me sentía yo por ser la única de uniforme, para colmo era a la q le preguntaban siempre. Así q no me dio ninguna pena acabar la catequesis, jeje. De tu comunión, me acuerdo de las fotos, el fotografo te adoró, así como conmigo se desesperó pq en cuanto veía la cámara me ponía tiesa y poco natural, tú eras de lo más fotogénico y obediente. Conseguías poner las caras de místico q te pedía sin problemas!! Y del día de tu comunión, yo de lo q me acuerdo es q pensé q era extrano, yo tuve 3 curas para mí sola, y me hicieron leer un panfleto a mí y lloraban todos…y vosotros erais 3 para 1 cura, y os hicieron leer más q peticiones, tampoco me pareció justo. También me acuerdo de la pajarita de Alberto, creo q tuviste bastante suerte con el modelo, la verdad. Pero si te sirve de consuelo, yo me pisé el vestido largo en las escaleras del restaurante (la mía fue en el famoso restaurante camino al pantano), y me hice dano, pero disimulé y no recuerdo q me echasen bronca.

  • Jose on 26/05/2013

    Un placer compartir estos borrosos momentos con vosotros.

    Qué bueno lo de 3 curas para ti y uno sólo para nosotros tres… Muchas gracias por completarlo y haberlo escrito aquí para el Señor alemán.

    Un besazo!

  • Marina on 31/05/2013

    Sabía que merecería la pena que escribieras esto, al final la foto ha sido lo de menos, jeje! No, espera, que me he vuelto a acordar de la habitación en el pueblo! ;)
    Goretti me habría encantado presenciar una clase de cate con una niña soltando perlitas como esa…
    Fuera de bromas, me parece una gozada recordar esos momentos, yo tengo casi todo olvidado.

    Bueno, y ahora qué toca Jose? A por la confirmación??? Je je, ahí ya tendrás más material eh…..

Escribe tu comentario