Jose Manuel Sampayo

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La guitarra

Querido Señor alemán:

Hoy quiero dejarte aquí otra foto más de mi infancia. No quiero entretenerme demasiado con la foto en sí porque como te dije, no recuerdo mucho de estos años. De todos los álbumes familiares escaneé sólo unas  pocas que por diferentes motivos son significativas para mí. Hoy te quiero enseñar ésta:

En bolingas con la guitarra al fondo.

En bolingas con la guitarra al fondo.

Es una foto de bebé en la que salgo con poca ropa. Me gusta mucho porque tengo cara de feliz y de niño listo, despierto … (tengo muchas más fotos en las que salgo con cara de pánfilo, pero claro, esas prefiero que ni las veas… jeje)

Otra cosa que me gusta de esta foto es que la primera foto de mi vida en la que salgo con un guitarra, y eso me lleva al tema que hoy te quería contar. La guitarra me ha acompañado a lo largo de mi vida desde que con 15 años, mi hermana me empezó a enseñar a tocar. Mi hermana es una música extraordinaria aunque una profesora muy exigente y digamos… sin demasiada paciencia ;-). También es muy probable que yo como alumno fuera un poco zote y la desesperara…

Ella me enseñó casi todos los acordes y algunos ritmos, lo cual tiene mucho mérito porque lo del ritmo nunca ha sido lo mío. Recuerdo que el día que mi amiga Bea me presentó a mi amigo Aitor (entonces su novio y hoy su marido) estábamos de fiesta en Portu en un bar de pachangueo y en medio de una canción se me acerca el tío (insisto en que ese mismo día nos habíamos conocido) y me dice: “Joder Jose, bailas de puta madre… ¡el día que lo hagas al ritmo de la música va a ser la hostia!” Todavía hoy me descojono cada vez que me acuerdo.

Volvamos al tema. Después de las lecciones de mi hermana, estuve yendo a clases de guitarra clásica en el cole durante un año y seguí aprendiendo otro poquillo. Después, con esta pequeña base, seguí practicando por mi cuenta con partituras bajadas de Internet, algún librito y así. No voy a decir que soy autodidacta, porque poco he aprendido desde aquellas primeras clases; toco casi siempre lo mismo y encima ¡intento cantar! El resultado es algo íntimo. Pero algo íntimo… ¡como cagar!, mejor hacerlo sólo y que si alguien tiene que escuchar, pues que tengamos mucha confianza… :-)

Tampoco quiero que pienses que lo hago tan mal. Con la guitarra en convivencias y campamentos o algunos fines de semana con los amigos, hemos animado algún que otro momento. Recuerdo las tardes con los chavales haciendo el Camino de Santiago, cantando “Sólo pienso en ti” a pleno pulmón con esas voces únicas de muchachos en plena pubertad: lanzando dulces berridos y desmedidos falsetes… ¡Hacíamos hueco por muy petado que estuviera el albergue! ¡Risas mil!

Gorka y yo en Tertanga.

Gorka y yo en Tertanga.

Recuerdo con mucho cariño haber tocado con toda la cuadrilla en la boda de Zuriñe y Julián. Y nunca olvidaré el duo con Susana en la boda de Fran y Susan. Creo que los dos estábamos como flanes. A mí me temblaban los dedos y pensaba que no iba a poder acertar ni con una cuerda. La idea de tocar fue de Susana, que quería hacer algo especial para su mejor amiga. Yo no quería. Estaba seguro de que en vez de una sorpresa les íbamos a dar un disgusto. Pero ella me convenció y quedamos un par de días para ensayar en secreto. En la Iglesia, a mitad de celebración, les cantamos “Bendita tu luz” de Maná.  Seguramente no lo hicimos demasiado bien musicalmente hablando, pero los novios se emocionaron y acabó media iglesia con la lagrimilla. Les gustó que lo hiciéramos y nos lo agradecieron mucho.

Hace algunos años compuse dos canciones. Se las he cantado a mis amigos algunas veces. Una dicen que les gusta. La otra, que es una mierda. Yo estoy de acuerdo con ellos.

Muchas veces me han preguntado si tocar la guitarra ayuda a ligar. Yo siempre contesto que si eres gordo y feo, no. A mí no me ayudó. Pero tenía muchas amigas, ¡que conste! :-(

Pesca y yo en Akarlanda, ¡la Takamine azul es preciosa!

De todas maneras, hacerlo mejor o peor no es lo que a mí más me importa. Tocar es para mí una liberación, un descanso, un desahogo. Toco para relajarme, para disfrutar; pero en muchas ocasiones en mi vida, tocar ha sido un bálsamo reparador para mi cabeza o mi corazón. Siempre que estoy bajo de moral, un poco deprimido, toco. Siempre que he sufrido por amores, toco. Cuando estoy muy enfadado y acumulo rabia, toco. En mi reducido repertorio tengo un par de canciones para cada situación de éstas y las toco una y otra vez hasta que me duelen los dedos.

Tengo una electroacústica Takamine (es una guitarra cojonuda y además, ¡preciosa!) que me compré hace 12 años con el primer sueldo que cobré trabajando en el Fox (un bar de Basauri) ese verano. Hace un par de años, me pillé una eléctrica baratita en Andorra (una Cort blanca muy chula también que estaba de ofertón) y ando experimentando con ella últimamente.

Me he dado cuenta de que algunos vecinos ya me miran mal. Y eso que nunca toco la eléctrica más tarde de las 20… Quizás es porque me han oído cantar.

2 comentarios
  • susana on 25/05/2013

    Me encanta tu página, me encanta esta sección y me encantas tu y tus proyectos. Y mira que empezamos mal!!!Yo tampoco olvidaré aquel momento. Mil nervios mezclados con tantas emociones…guardo otras muchas sensaciones unidas a tu guitarra. Recuerdo “besaré el suelo” en izarra de manera tan especial, que pasó a ser una de mis canciones favoritas. Y no digamos “quien fuera” de silvio!!!Así que mira si tu guitarra es importante!!!Enhorabuena Jose y gracias a tu guitarra por crear momentos mágicos. Ojalá el señor alemán nos permita recordarlos siempre…

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